Chopard, un sueño.

Carolina se levantaba, se vestía con prisa, se colocaba un calcetín de cada color y se recogía el pelo en un moño para parecer una mujer con cordura. Cada mañana salía a la calle con ganas de más, nunca le era suficiente. Se compraba un bollo de chocolate, se tomaba el café sin lactosa y se paraba frente al gran escaparate de Chopard durante los últimos 5 minutos libres que le quedaban antes de comenzar a trabajar.

Chopard

 Se conocía todos los diseños y novedades de Chopard al dedillo, como si formara parte de la empresa y durante esos 5 minutos su imaginación volaba: se imaginaba desfilando en las mejores pasarelas con esas majestuosas piezas.

Aunque todas las colecciones le gustaban, estaba especialmente enamorada de esta última que representaba a la perfección la elegancia y el lujo.

Con cada colección, Carolina se enamoraba completamente de una nueva joya, en este caso, su nueva obsesión, era esta sortija de oro blanco, engastada con una turmalina paraibas de talla oval y diamantes.

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Los pendientes de esta última colección le fascinaban. Si tuviera una cena elegante, Carolina no sabría cual escoger. Los dos modelos de oro blanco y diamantes eran simplicidad, elegancia y estilo puro.

Este año Chopard se unía con la Federación Francesa de la Alta Costura como miembro exclusivo de Joyeria. A Carolina estas noticias le gustaban tanto como si ella confeccionara las joyas día tras día. Se imaginaba presentando estos bonitos pendientes “Pavo real” -de la colección Animal World- de oro blanco de 18ct ante millones de focos y cámaras.

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Los 5 minutos de desayuno daban para mucho. Carolina lo tenía claro:

Nadie es demasiado mayor para los cuentos de hadas.

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